A la vista del cada vez mayor número de practicantes de actividades en el medio natural, ya sea desde un punto de vista puramente recreativo (excursiones “familiares” de una jornada, travesías con desnivel medio o bajo…), o desde otro más deportivo (ascensiones en tiempos “record” por rutas técnicas y a veces comprometidas, raids de montaña…), los deportistas de montaña, término en el que incluimos a tan heterogéneo conjunto de personas, tienen una característica común: todos ellos deberían realizar una preparación física en consonancia con la envergadura de sus objetivos en el “monte”.
más preparación física
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Con este artículo retomamos nuestra sección de Preparación Física para deportes de montaña. Se puede decir que es la introducción general a una serie posterior que será mucho más específica para cada
actividad y nivel. Esta primera entrega puede considerarse como una
base común para todos aquellos que se acerquen a la montaña a
practicar cualquier tipo de actividad, que posteriormente irá desglosándose
según esta sea más aeróbica, más técnica, más atlética…alpinismo,
esquí de travesía, escalada, etc…Ésta es la base común que
debería tener (y entender) desde un senderista hasta un escalador
de grado.
Como bien dice Pedro, al monte hay que ir preparado físicamente.
Parece haber una cierta corriente de opinión que dice que los machacas
deben entrenar, y el resto que hacen cosas normales no, porque
la misma actividad les prepara, y forzando se consiguen las cosas.
Pero esto es un gran error por un simple motivo de seguridad. Como
Pedro dice:
“existen otras razones por las que prepararse de forma adecuada;
una de ellas es fundamental: la seguridad; al tratarse de actividades
de larga duración, la convivencia con la fatiga es algo natural, algo
a lo que si no se está habituado, puede crearnos algún problema al
tener que realizar un descenso complicado, o algún paso delicado…
, es decir, cuando la ejecución técnica se complica, es posible que
no podamos dar una respuesta adecuada por ese estado de fatiga,
comprometiendo nuestra integridad física….
Otro motivo importante, sobre todo para los no tan “machacas”, es el
de poder disfrutar del espectáculo que nos brinda la montaña, de sus
parajes, sus sonidos, en definitiva, de toda su belleza, y para ello no
hay nada como estar en plenitud de facultades, ya que no es lo mismo
“arrastrarse” en una excursión de 6 horas que ir disfrutando toda una
mañana del encanto de los parajes que recorremos.”
¿Qué son los deportes de montaña?
Cuando hablamos de ellos, numerosas prácticas invaden nuestra mente:
esquí en todas sus variedades, BTT, senderismo, alpinismo, escalada…
Sin entrar en cuestiones etiológicas, los deportes de montaña
estarían enmarcados en el conjunto de actividades que se practican en
el medio natural, pero en un paraje concreto y que tiende a la verticalidad,
la montaña.
Comúnmente, se habla de deportes de montaña como simplificación
del conjunto de deportes de resistencia de larga duración que se practican
en la montaña; por tanto, las actividades a que me referiré en
este artículo irán desde las excursiones de alta montaña invernal a pie,
con raquetas o esquís, hasta escaladas de baja dificultad o excursiones
por media montaña, por tener todas ellas unos requisitos a nivel físico
bastante comunes.
¿Es necesario prepararse físicamente para realizar deportes
de montaña?
La motivación para dedicar tiempo a entrenarse para realizar deportes
de montaña variará según la persona. Aquel que se dedique a competir,
o que sin participar en competiciones “oficiales”, le guste realizar
actividades de montaña buscando siempre un rendimiento óptimo, necesitará
dedicar bastante tiempo y disciplina para alcanzar y mantener,
el mayor tiempo posible, un alto nivel de rendimiento.
Sin embargo, dado el contexto en el que se llevan a cabo estos deportes,
existen otras razones por las que prepararse de forma adecuada;
una de ellas es fundamental: la seguridad; al tratarse de actividades de
larga duración, la convivencia con la fatiga es algo natural, algo a lo
que si no se está habituado, puede crearnos algún problema al tener que
realizar un descenso complicado, o algún paso delicado… , es decir,
cuando la ejecución técnica se complica, es posible que no podamos
dar una respuesta adecuada por ese estado de fatiga, comprometiendo
nuestra integridad física….
También es importante saber que nuestro nivel físico está capacitado
sobradamente para llevar a cabo la empresa en la que se embarca, algo
que nos da confianza y por tanto, mayor seguridad, pues la montaña
es un medio en el que los cambios son muy bruscos y frecuentes, con
la variabilidad en las temperaturas y resto de factores que ello conlleva
(nieblas repentinas, nevadas, ventiscas...) que pueden complicar en
cierta medida la actividad inicialmente prevista.
Otro motivo importante, sobre todo para los no tan “machacas”, es el
de poder disfrutar del espectáculo que nos brinda la montaña, de sus
parajes, sus sonidos, en definitiva, de toda su belleza, y para ello no
hay nada como estar en plenitud de facultades, ya que no es lo mismo
“arrastrarse” en una excursión de 6 horas que ir disfrutando toda una
mañana del encanto de los parajes que recorremos.
Factores relevantes de los deportes de montaña.
Desde el punto de vista fisiológico…
Los deportes de montaña se caracterizan por desarrollarse, principalmente,
gracias a la energía que obtenemos mediante la degradación
aeróbica (con intervención de moléculas de oxígeno en las células musculares)
de diferentes sustratos presentes en nuestro organismo (glúcidos,
grasas y proteínas en algunos casos). Este fenómeno ocurre por
dos motivos interrelacionados:
la intensidad de las actividades que llevamos a cabo, de forma global,
es relativamente baja, y no requiere por parte del organismo la producción
de energía a una velocidad excesiva, por lo que la fuente aeróbica
de producción de energía es suficiente para acometer esta demanda.
la duración de este tipo de actividades suele ser alta o muy alta, siendo
la fuente aeróbica de energía la que durante más tiempo y en mayor
cantidad puede proporcionarla.
Se evidencia de todo lo anterior la importancia que deberá tener en
nuestros entrenamientos todo el trabajo de tipo aeróbico, al ser el metabolismo
preponderante en los deportes de montaña, aunque esto no
quiere decir que los tipos de trabajo orientados a la mejora de las cualidades
ligadas al metabolismo anaeróbico (producción de energía sin
intervención del oxígeno en las células musculares) deban ser olvidadas,
ya que también los usamos, aunque eso si, en menor medida y
normalmente en situaciones puntuales.
No obstante, una mejora sustancial del rendimiento para estos deportes
pasará inexorablemente por el trabajo, en momentos concretos de la
temporada, de ejercicios a una intensidad tal que se soliciten los mecanismos
anaeróbicos de producción de ATP (moneda de cambio energética
del organismo) lo que, además, supondrá un estímulo distinto e
introducirá variedad en los entrenamientos.
La energía que usa el organismo proviene siempre de ambos metabolismos,
aeróbico y anaeróbico, pero existe un parámetro fisiológico
que determina cuando está actuando preferentemente uno u otro: el
umbral anaeróbico o umbral láctico. Este concepto, umbral, nos evoca
rápidamente un límite, una barrera, y resulta muy ilustrativo imaginarlo
de este modo, pues se trata del punto ó la intensidad de trabajo
límite a partir de la cual el ejercicio o actividad que se está realizando
pasa a tener un componente más anaeróbico que aeróbico, es decir,
se está produciendo más energía sin oxígeno que con él en las células
musculares.
Este hecho tiene un inconveniente, y es que si se continúa trabajando a
esa intensidad o superior durante varios segundos, se genera un metabolito,
el ácido láctico, en proporciones mayores de las “soportables”
por el organismo (entendiendo en este caso por soportable la cantidad
que se puede eliminar al mismo ritmo al que se produce), lo que crea
unas condiciones de trabajo a partir de ese momento “peculiares”.
El ácido láctico, que se genera SIEMPRE en el organismo (incluso en
condiciones de reposo) no se elimina fuera del cuerpo, sino que es un
sustrato que cuando se produce en cantidad tal que estaría por debajo
de ese umbral o barrera (que es individual y varía con el entrenamiento),
circula por el torrente sanguíneo hacia zonas donde es utilizado
de nuevo como combustible para producir energía (sobre todo en el
miocardio). Sin embargo, cuando su producción supera esa “barrera”
y, por tanto, es mayor que lo que se puede llegar a “eliminar”, se va
acumulando en las células musculares, lo que varía el PH del medio intercelular (lo hace más ácido), inhibiendo de esta forma la acción
de una serie de enzimas (fosfofructokinasa, etc…) esenciales para la
producción de energía (ATPs) en las células musculares, por lo que,
poco a poco, la calidad de las contracciones va disminuyendo y, si la
intensidad del ejercicio no se reduce, llega un punto en el que ya no se
produce la contracción muscular, y debemos detener obligatoriamente
el ejercicio.
Este concepto es algo complicado, pero baste con que tengamos esa
idea barrera o umbral de intensidad de trabajo por encima de la cual no
vamos a poder aguantar mucho tiempo. No obstante, su utilidad para
el entrenamiento es capital, y el conocimiento de “dónde” la tenemos cada uno, nos facilitará la tarea a la hora de programar el entrenamiento (nota).
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NOTA: El umbral anaeróbico es el parámetro fundamental para la predicción del rendimiento en las especialidades deportivas de resistencia de larga duración, como es el caso de los deportes de montaña, en los que los esfuerzos siempre son de duración superior a los 30´. Para esfuerzos de hasta 10´, el parámetro fisiológico VO2 Máx (definido como el consumo máximo de oxígeno o el mayor volumen de oxígeno que el organismo es capaz de captar, transportar y utilizar en las células musculares para la producción de energía) si que resulta relevante como indicador del rendimiento potencial, aunque también es necesario un alto valor del mismo como base para un mayor desarrollo potencial del umbral anaeróbico individual. |
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