Está en boca de mucha gente, en artículos de revistas especializadas y libros divulgativos de esta modalidad, que la escalada (deportiva) todavía es un deporte joven…, y lo es, si lo comparamos con disciplinas que se llevan practicando más de un siglo, que son olímpicas y, sobre todo, que cuyos entrenamientos a nadie se le ocurría comenzar un buen día en el salón de su casa o en el local donde queda las tardes con los colegas.
Hoy por hoy, con 3 décadas de evolución a las espaldas, estamos presenciando ya sin sobresaltos el encadenamiento...
más preparación física
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Texto y fotos: Pedro Bergua
Hoy por hoy, con 3 décadas de evolución a las espaldas, estamos presenciando ya sin sobresaltos el encadenamiento, semana si semana también, de vías de máxima dificultad por adolescentes y niños en muchas latitudes del mundo, y es que esto sólo es el principio de algo que se viene realizando mucho tiempo atrás en otras modalidades deportivas, la especialización temprana.
Los grandes resultados conseguidos por estas llamadas promesas de la escalada, aunque algunos ya rozan el nivel de las figuras más consagradas, parecen apuntar que, efectivamente, el comienzo “temprano” en la práctica de esta disciplina favorece la consecución de un rendimiento elevado de forma muy precoz, algo que está muy relacionado
con que sea una modalidad deportiva en la que el peso relativo a la fuerza tenga un papel muy relevante.
Sin embargo, no sólo se trata de tener mucha fuerza y pesar
poco, sino de haber conseguido un desarrollo armónico de todo el conjunto desde una muy corta edad, es decir, de haber prestado especial atención al trabajo adecuado de cada cualidad en sus fases sensibles de desarrollo.
Sería un tanto banal atribuir el aterrizaje en el mundo del alto rendimiento
de estos jóvenes deportistas, únicamente, al desarrollo de determinadas
cualidades físicas en sus fases sensibles, pero ponernos a
citar todos los condicionantes, controlables o no, que influyen en el
desarrollo para el alto rendimiento deportivo se iría del objetivo de
este artículo. Como “resumen” podemos consultar la pirámide del rendimiento.
En el anterior (cuadernos técnicos nº 40), hablaba de una serie de factores
sobre los que no podíamos actuar para potenciar nuestro rendimiento,
factores o variables independientes como la edad a la que
comenzamos a escalar, por ejemplo, o todo el conjunto de actividades
deportivas o no, que hayamos practicado antes de eso (nuestro historial
deportivo).Puede que nos vayan a “ayudar” o puede que no, pero no
lo podemos cambiar.
Sólo podemos actuar sobre aquellos factores modificables y mejorables
con el entrenamiento, así que, si se te ha pasado “la edad” óptima
para la mejora exponencial de ciertas cualidades, deberías intentar suplir
este hándicap trabajando en la mejor dirección posible (que será la
que te ahorre tiempo para llegar a las metas que te propongas), y que
ya deberías haber “trazado” a partir del primer artículo -“El primer
paso para mejorar en escalada: evalúa tus cualidades”- ; para ello, el
segundo paso (sobre todo si no tienes a nadie que te entrene o te pueda
asesorar sobre cómo plantear tus entrenamientos) será revisar si
tu planteamiento de entreno se ajusta a una serie de aspectos básicos
y comunes al de cualquier deportista, tenga el nivel que tenga. Estoy
hablando de los llamados principios del entrenamiento.
EL OBJETIVO…
…De este artículo no es ser un recetario de entrenamiento, sino más
bien una pequeña “guía” que facilite al lector la comprensión de una
serie de conceptos básicos sobre cómo se adapta el organismo ante
los estímulos externos que le damos (ya sea en forma de entrenos o
escaladas, dirigidas y organizadas de una u otra forma), de forma que
cada cual pueda sacar algo útil que le simplifique la tarea de crear su
“mapa” personal con el que orientarse de mejor forma por este mundo
vertical.
Para ello, usaremos cómo hilo conductor los citados principios del entrenamiento,
pero antes de entrar en materia, plantearé unas cuestiones
que quedarán en el aire hasta el final del artículo, y que cada cual podrá
responder bajo su punto de vista, apoyándose si quiere en lo que
de éstas líneas pueda extraer: ¿cuál es el punto 0, el “big-bang” de la
planificación para un deportista o el inicio de su programación?, ¿de
dónde surge todo?, ¿hay algún “escrito” que pocos conocen y que permite
organizar el maremagnum de variables a la perfección?, ¿nos lo
inventamos sobre la marcha?, ¿el entrenamiento es ciencia o es arte…:
¿entrenología o arte?.
LA LEYENDA, PRIMERA PARADA…
… cuando consultamos cualquier mapa, que en este caso estará configurada
por cada uno de estos principios, que nos facilitarán la comprensión
de cómo nuestro cuerpo se adapta según los estímulos que le
demos, y por tanto, saber por qué y en qué medida vamos a progresar
o no.
Según el autor que consultemos, esta leyenda contendrá unos u otros
principios, clasificados de distintas formas o nombrados de distinta
manera, así que la que aquí encontraréis es sólo una de ellas. En este
caso, los principios que voy a exponer son aquellos referidos a cómo
el organismo se adapta a través del entrenamiento, conocidos también
como los principios biológicos, y que creo son los más útiles de conocer
(no entraré si quiera en nombrar otras clasificaciones, sub-clasificaciones,
ni principios que se salgan de ésta, para no liar).
No obstante, no debemos tomar estos principios como verdades absolutas,
pues deberían formularse de forma específica para cada modalidad
deportiva, algo que en el caso de la escalada, como es obvio por
la juventud de la disciplina, no se ha hecho todavía, aunque podremos
extraer conclusiones muy positivas entre las generalidades siguientes
y el propio empirismo.
Principio de la unidad funcional: Este principio viene a decir que
se debe entender al organismo como un todo indisoluble, es decir,
que cada uno de los órganos y sistemas están relacionados con el
otro y que, por un lado, un fallo en cualquiera de ellos hace imposible
la continuidad en el entrenamiento (esto nos conecta con todos
los factores que afectan al llamado entrenamiento invisible, que engloba
todo aquello que hacemos, comemos, sentimos…, y que de
un modo u otro, está afectando a nuestro organismo, por lo que no
podemos descuidar ninguna faceta del mismo), y por otro, hay que
tener presente que la aplicación de una carga concreta puede estar
incidiendo positivamente en una cualidad (lo que se conoce como
transferencia) pero también puede ocurrir que se esté produciendo
el efecto contrario en otra cualidad (las llamadas interferencias).
Un ejemplo sobre el primer aspecto sería no tener en cuenta algún hábito
nocivo (fumar, beber, no descansar suficiente, mala alimentación…)
y pensar que este tipo de cosas no nos afectan, pues lo hacen y mucho;
y sobre las transferencias e interferencias, parece claro que un entrenamiento
orientado preferentemente sobre el contenido de la continuidad
tendrá transferencia para el entrenamiento de la resistencia pero irá en
contra de una mejora en el bloque.
Principio de la multilateralidad: Este principio hace referencia a
la importancia de realizar una preparación multifacética, pues se
suelen conseguir mejores resultados al dominar una mayor cantidad
de movimientos y de conductas motrices, estando en disposición de asimilar las técnicas y métodos de entrenamiento más
complicados, partiendo del principio de que los aprendizajes nacen
sobre las bases de otros ya adquiridos. Y no sólo desde el punto de
vista técnico es importante, sino también desde un prisma físico, en
la línea del principio de la unidad funcional, la preparación debería
incidir sobre varios sistemas habitualmente, pues mientras se progresa
en un sector se puede retroceder en los demás. (FOTO 2)
Este principio, en nuestro mundo vertical, deberíamos tomarlo con
precaución en 2 sentidos: en primer lugar, en niveles altos llega un
momento en que para producir mejoras evidentes de forma deportiva,
se debe pasar por la aplicación de estímulos unilaterales concentrados,
de tal modo que supongan variaciones sensibles y profundas en
la homeostasis del organismo del deportista que le puedan proporcionar
adaptaciones suficientes para mejorar su nivel; y en segundo lugar,
desde el punto de vista del aprendizaje polifacético para el desarrollo
de un mayor repertorio motriz o gestual, debemos recordar que la trepa,
como tal, ya es una habilidad motriz básica, algo que todos, desde
bebes, realizamos inconscientemente y que poco a poco desaparece y
nos limita motrízmente, al ingresar en el mundo bípedo al que nos ha
llevado la evolución de nuestra especie.
Por tanto, sólo escalar ya desarrolla de forma brutal la motricidad y
gestualidad del escalador, sin necesidad de una preparación paralela
o anterior, desde otras disciplinas o actividades deportivas, si se había
entendido así.
Principio de la especificidad: Hace referencia a la necesidad de
desarrollar, a través de un entrenamiento dirigido a esta meta, las
condiciones específicas de cada modalidad deportiva asentadas,
previamente, en el desarrollo de las cualidades físicas básicas
(fuerza, resistencia, velocidad, flexibilidad….), pues cada deporte
precisa de unas adaptaciones morfo-fisiológicas especiales que
favorecen el rendimiento en el mismo. En base a este principio,
deberíamos partir de ejercicios generales para ir introduciendo
otros más específicos, de ejercicios fáciles para llegar a otros más
complejos…
En nuestro caso, debemos recordar que la propia escalada, como desarrollo
de la habilidad básica de trepar, se trata del ejercicio más
específico que existe para la propia escalada (recordemos la famosa
frase “el mejor ejercicio para escalar mejor es escalar”), sin embargo,
para la potenciación de las distintas cualidades que mejorarán nuestro
nivel de base o de partida en esta modalidad, si que debemos tener
presente este principio, y plantear un desarrollo armónico y progresivo
en dificultad y complejidad o especificidad, en los medios y sobre
todo los métodos que empleemos entrenando.
Principio del estímulo eficaz de la carga o de sobrecarga: Este
principio nos dice que para que un estímulo de entrenamiento pueda
provocar adaptación en un organismo, debe superar un umbral de intensidad o de esfuerzo que es de diferente magnitud para cada individuo y que dependerá de su nivel de entrenamiento, edad, sexo,
etc. Cuando se aplican estímulos de baja intensidad, inferiores al
umbral de estimulación, no se produce ningún efecto de adaptación
(salvo que se repita sistemáticamente en muy cortos períodos de
tiempo y durante un largo proceso, en cuyo caso se puede producir
un efecto acumulativo). Cuando el estímulo supera el umbral
de estimulación, se producirán cambios morfo-fisiológicos cuando
se empleen cargas óptimas, pudiéndose llegar a daños funcionales
cuando las cargas son demasiado grandes. (CUADRO 1).
Principio de la alternancia esfuerzo-descanso ó Síndrome General
de Adaptación: Este principio nos explica que el descenso
de la capacidad de rendimiento que se experimenta tras someterse
a una carga óptima ó eficaz, no sólo se compensa posteriormente
recuperando el nivel inicial, sino que además, se aumenta éste, incrementando
las prestaciones (es lo que llamamos super ó sobrecompensación).
Este fenómeno es una medida preventiva del organismo ante posibles
nuevas solicitaciones, es decir, una reacción natural preventiva
y adaptativa para poder responder con mayor eficacia en caso de
un nuevo esfuerzo como el realizado. Sin embargo, tras la sobrecompensación,
el organismo vuelve de nuevo al nivel inicial, de no
mediar nuevos estímulos, por lo que se deberán combinar de forma
coherente los estímulos y los tiempos adecuados de descanso, encadenando
unos con otros, para alcanzar una sustancial mejora en
el nivel de rendimiento del escalador.
En algunas ocasiones, estas “curvas” de compensación se delinean de
la manera más caprichosa, lo que puede obedecer bien a fallos en la
planificación, o falta de dominio sobre cómo debe estructurarse el entrenamiento,
o a factores externos al propio entrenamiento.
Algo que se debe tener muy presente es que estas modificaciones se
producen de acuerdo a un orden temporal, de manera retardada, de
forma diferente para cada cualidad condicional y, a su vez, en función
del grado de intensidad de carga a que sea sometido el escalador, lo
que complica, y de que manera, el “cuadrar” de forma eficaz todos los
estímulos o cargas que recibe el escalador a lo largo de varios entrenamientos.
Para hacernos una idea, la diferencia para la repetición de dos cargas
de resistencia similares puede variar desde 12 a 72 horas, en función
del nivel del escalador, la magnitud de la carga (teniendo en cuenta su
volumen, intensidad, densidad…), y el momento de la temporada en
que se encuentre.
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